Usando el metro en Beijing


En el metro ocurre algo similar a lo que sucede en los elevadores. Normalmente los vagones van atestados, principalmente en horas pico. Pero eso ocurre casi en cualquier metro del mundo. Lo verdaderamente problemático es intentar salir del vagón cuando hay 20 personas delante de uno que no se mueven (ni tienen intención de hacerlo). Y más cuando, además, hay decenas de personas intentando entrar al vagón en cada estación.

No sirve de nada lloriquear, gritar, agitar las manos, poner los ojos en blanco ni mirar feo a la gente. Lo único que sirve para poder salir del gusano lleno de gente es convertirse en un beijinés más. ¿Y cómo se logra eso? Empujando, y empujando con fuerza, violentamente si es necesario.

Usando el elevador en Beijing



Uno sabe que está en Beijing tan sólo con subirse a un elevador. ¿Por qué? Porque sólo en la capital de China los ascensores se convierten en latas de sardina. Aunque un elevador esté lleno, y a pesar de que existe un letrero que indica la capacidad máxima de ocupantes, la gente seguirá entrando sin importar que los demás estén a punto de ahogarse. Lo único que impide que haya una explosión en el elevador es la alarma que suena cuando se excede el número de kilos permitidos.

Lo peor viene al tratar de bajar del ascensor. Casi nadie se quita ni se hace a un lado, a menos que empujemos con fuerza o alcemos la voz evidentemente molestos.

Así que la principal arma al subir a un elevador en Beijing es la paciencia, la enorme, infinita, paciencia.


 

Aglomeraciones en Beijing



Alguien me preguntó alguna vez qué era lo que más me había impactado durante mis primeros días en Beijing, y sin dudarlo le respondí: “la enorme cantidad de gente y la sensación de saturación”. En esta ciudad uno casi nunca puede quedarse solo, normalmente siempre hay gente en cualquier lugar y durante casi todo el día.

Si voy al metro, siempre está lleno. Si voy a la estación de trenes, siempre está llena. Y si voy a un museo, ¡sí, adivinaron!, ¡siempre está lleno!

Y los días de fiesta nacional o durante las vacaciones la situación empeora, pues Beijing recibe a muchos visitantes. Alguna vez, durante el Día Nacional de China, se me ocurrió ir a Tian’anmen y el metro estaba a reventar; además, la estación estaba cerrada, y tuve que bajarme una parada después. Caminé en medio de miles y miles de personas, lentamente, a cuentagotas, y por fin, después de casi dos horas, pude recorrer los poco más de 500 metros que separaban la estación del metro de la Plaza de Tian’anmen, Nunca había sentido tal ahogo, tal saturación. Pero hay que aceptarlo, hay más de 20 millones de almas en Beijing, aunque a veces pareciera que se multiplican sin cesar, como en aquella escena del mago Mickey Mouse en Fantasía.

Para los amantes de la soledad o los intolerantes a las aglomeraciones, Beijing no es un destino adecuado.

Filas en Beijing (o cómo defender el lugar en la cola)

Hacer una fila en Beijing es garantía de un incremento en los niveles de bilis del organismo. Debido a que son muchas las personas que habitan esta ciudad y a que son muy competitivas (luchan por todo: por un sitio en el metro, por un lugar en la universidad, por un trabajo, por una esposa), dejar diez centímetros de espacio con la persona de adelante es sólo el paso previo a que alguien se meta en la cola.

Y esto pasa en cualquier lado: en la fila para entrar al metro, al comprar pan en la calle o en la cola para adquirir boletos para el museo. La recomendación en este caso es: defender como león el lugar o tener un alto grado de tolerancia a la frustración.

Forma de conducir en Beijing: ¡cuidado, cafre al volante!

Si algo caracteriza a la Beijing de hoy es su enorme cantidad de automóviles y la pésima conducción de sus dueños. Los capitalinos manejan realmente mal, y miren que vengo de la Ciudad de México, considerada una selva de asfalto.

Pero todo tiene una explicación. Resulta que China, antes de su espectacular crecimiento económico, era muy pobre y muy socialista, y un auto estaba prácticamente fuera de las aspiraciones de la gente. Pero hace unos 30 años todo empezó a cambiar, y con la bonanza económica mucha gente comenzó a adquirir coches. Hoy en día circulan cerca de cuatro millones de autos en Beijing, una buena parte de ellos con menos de cinco años de antigüedad, y al volante van noveles conductores que ignoran las reglas para andar sobre ruedas.

Por esta razón, en las calles y avenidas se pueden ver (y sufrir) autos invadiendo la cebra peatonal, estacionándose en las aceras o dando vuelta a la izquierda a pesar de la luz roja y los peatones que están cruzando la calle; en las autopistas nunca faltan los cafres que rebasan por el carril de acotamiento o emergencia, y en las carreteras angostas los que intentan pasar un auto a pesar de que en el carril opuesto viene un autobús a toda velocidad, el cual, por cierto, para evitar la colisión, tiene que hacerse a la orilla.

Medio en broma y medio en serio, muchos dicen que una vez que un conductor de Beijing pisa el acelerador no lo soltará más sino hasta llegar a su destino. Yo puedo decir que es cierto.

Comportamiento cívico: escupitajos, pedos y eructos en Beijing

Una de las cosas que más impacto causa a los recién llegados a Beijing es la forma de comportarse de los capitalinos, que, en muchas ocasiones, deja mucho que desear según las costumbres occidentales. Aunque, es verdad, todo es según el cristal con que se mira.

En primer lugar, hablemos de los escupitajos. Según la medicina tradicional china, si hay algo en el cuerpo que hace daño, hay que sacarlo. Y una de esas cosas son las flemas, que los beijineses expulsan con total naturalidad. Al caminar por las calles es común escuchar el clásico “jrrrssssss” previo a la expulsión de una flema (“gallo”, diríamos los mexicanos), esto sin distinción de sexos, pues tanto hombres como mujeres gustan de eliminar ruidosamente lo que su cuerpo no necesita.

El problema es que los escupitajos suelen encontrarse en las aceras, en los vagones del metro, en los baños y ¡prácticamente en todas partes!, lo que puede resultar desagradable para muchas personas.

Es indispensable no darse golpes de pecho, porque, al menos en México, mucha gente también lleva a cabo esta ruidosa costumbre. Lo mejor es tratar de ser tolerantes y entender un poco los conceptos de la medicina tradicional china.

Cabe decir que la costumbre de escupir ha tratado de ser erradicada. Incluso durante la fase previa a los Juegos Olímpicos de Beijing 2008 hubo una campaña de “reeducación”, donde se penalizaba a la gente que escupiera en ciertas plazas públicas. Y aunque mucha gente ha dejado de expulsar las flemas, otros muchos continúan exorcizando los demonios de sus pulmones.

Algo similar ocurre con las ventosidades, gases o pedos, y con los eructos. Así que si en un elevador o en el metro de repente huele mal o escuchan ruidos extraños, no se asusten. Es normal.

Comida en Beijing

Una de las mejores cosas que tiene China es su comida, deliciosa (casi toda) y tan variada como su gente y su territorio. Pero debo advertir algo: China es para probar sin remilgos. La gente que no está dispuesta a experimentar sabores nuevos la pasará mal en este país. He conocido a muchos extranjeros que vienen de visita y sólo comen en McDonald’s o en KFC, porque por nada del mundo quieren intentar con la comida china. Grave error. Especialmente en Beijing, donde convergen todos los sabores del país.

Comida en restaurante
Comer en un restaurante chino puede ser alucinante en muchos aspectos. Si entran a uno tradicional, escucharán mucho ruido, gente que habla como si estuviera peleando y quizá la higiene del lugar no sea la más adecuada, pero podrán degustar platos deliciosos. En cambio, si deciden comer en un restaurante moderno, podrán experimentar el lujo y el buen trato a precios bastante razonables.

Independientemente de cual sea su elección, lo verdaderamente importante es la comida.

Uno de los platillos básicos en Beijing es el famoso pato laqueado (en mandarín京烤鸭 Běijīng kǎo yā) cuya deliciosa piel crujiente combina perfecto con la suave carne y los condimentos con los cuales se sirve. Por cierto, a los mexicanos les resultará muy familiar, pues les recordará a un taco, pero con tortilla de harina.

Otros de los infaltables al visitar la capital de China es el pollo picante con cacahuate (llamado en mandarín 宫保鸡丁Gōngbǎo Jīdīng) que básicamente son trocitos de pollo con cacahuates (maní), cebolla, salsa agridulce y chiles. Amado por la mayoría de los extranjeros que visitan China.

Por supuesto, no deben perderse el arroz frito (炒饭 chǎofàn) o el arroz blanco hervido (米饭mǐfàn) para acompañar los demás platillos.

Imperdibles los tallarines (面条 miàntiáo). Hay como diez mil variedades (de arroz, de trigo, de papa…) que se combinan con diez mil ingredientes. Mis versiones favoritas: los tallarines picantes estilo Sichuan (担担面 dàndàn miàn), que se sirven con verduras, aceite de chile, carne de cerdo frita y pimienta Sichuan que produce un entumecimiento en los labios (soy adicto a esta sensación), y los tallarines estilo Beijing, que se acompañan con una salsa agridulce de soya en pasta y diferentes vegetales.

Otros de los platillos que no deben dejar de probar es la olla mongola, hot pot o huǒguō (火锅), que consiste en una olla con caldo caliente, picante o no, que se coloca en el centro de la mesa, y en el cual se introducen diferentes alimentos como carne, pescado, mariscos, vegetales, huevos, hongos, tofu y muchas cosas más. Este es uno de mis preferidos, porque es quizá el más comunitario de los platos chinos. Cada uno de los comensales puede colocar, poco a poco, la comida que quiera en el caldo, y sacarla unos minutos con sus propios palillos. Ampliamente recomendable en invierno.

Comida musulmana
La zona musulmana de China está en el noroeste del país. Ir allá es muy caro, sin contar que está lejísimos. Por eso deben aprovechar su visita a Beijing para degustar la comida musulmana, que es ¡buenísima! ¿Qué tal unas brochetas o pinchos de cordero asado, rociadas con un poco de comino? ¿O un buen pan musulmán con arroz frito mezclado con nueces? Definitivamente soy adicto a la comida musulmana de China.

Comida callejera
Ahora que si hablamos de comida callejera, también encontrarán bocadillos dignos de recordarse. Por ejemplo, está el煎餅Jiānbing, que es la crepa china, aunque para un mexicano podría ser parecido a un tamal. Este bocadillo es ideal para el desayuno con prisas. Lo preparan en una plancha, donde se coloca una mezcla de harina de trigo y huevo; cuando está cocida por ambos lados, se le pone un huevo crudo, el cual queda cocinado en un par de minutos; luego se le agrega salsa de soya en pasta, chile, cilantro, cebollín chino y una especie de buñuelo crujiente en medio; y al final, el vendedor lo dobla en cuatro y lo pone en una bolsa para llevar.

También está el málà tàng麻辣烫, al que yo llamo la olla mongola callejera. Se trata de diferentes trozos de comida (salchichas, vegetales, pescado, tofu, tallarines, pan, etcétera), que los vendedores sumergen en un caldo picante que además contiene pimienta Sichuan (en mandarín 辣椒 làjiāo), la cual produce adormecimiento en los labios (sensación que en chino llaman málà). Los mexicanos lo asociarán de inmediato con los tacos callejeros que venden en nuestro país.

Y cómo no, después de comer todo mundo desea un postre. Y no hay nada mejor que el dulce típico beijinés, el bīng tánghúlu 糖葫芦, que es una brocheta de acerolas (fruta parecida al tejocote de México) cubierta con caramelo y rociada, en ocasiones, con ajonjolí (sésamo). Se puede encontrar casi todo el año, aunque es típico del invierno.

Cambio de moneda

El cambio de moneda se puede realizar tanto en las casas de cambio ubicadas en el aeropuerto y en diversas partes de la ciudad como en los bancos. El tipo de cambio se ha mantenido más o menos estable en los últimos años, y es el siguiente: un dólar=6.2 yuanes o un euro=8.1 yuanes, actualizado a octubre de 2012.

Pero yo recomiendo usar el convertidor de Yahoo (http://finance.yahoo.com/currency-converter/#from=EUR;to=CNY;amt=1) para tener una idea más clara de la tasa de cambio en el momento de su viaje.

También es posible sacar dinero chino en un cajero automático con una tarjeta de otro país. Sin embargo, el tipo de cambio puede no ser muy favorable, y las comisiones pueden ser altas.

Foto: Xinhua

Propina en Beijing

China tiene muchas cosas buenas, pero sin duda una de las mejores es que no se tiene que dejar propina en ningún sitio, excepto en algunos restaurantes occidentales de lujo. 

En mis primeros días en Beijing, dejé en la mesa de un restaurante algunos yuanes, muy pocos en realidad, y me enfilé hacia la calle. Unos segundos después escuché que alguien me gritaba. Miré hacia atrás y vi que era uno de los meseros, el cual agitaba en su mano los billetes que dejé. Pensé en ese momento que quizá debí dejar más propina o que hubo un error con la cuenta. Pero no, el hombre sólo quería devolverme los billetes. Parece que dejar propina es como un insulto, una humillación a su trabajo. Yo no lo veo así, pero me alegró saber que aquí mi bolsillo no sangraría con el 10 o 15 por ciento de propina que se suele dejar en otros países, como México.


Foto tomada de estaentumundo.com

Cambio de moneda en Beijing

El cambio de moneda se puede realizar tanto en las casas de cambio ubicadas en el aeropuerto y en diversas partes de la ciudad como en los bancos. El tipo de cambio se ha mantenido más o menos estable en los últimos años, y es el siguiente: un dólar=6.2 yuanes o un euro=8.3 yuanes, actualizado a febrero de 2013.

Pero yo recomiendo usar el convertidor de Yahoo (http://finance.yahoo.com/currency-converter/#from=EUR;to=CNY;amt=1) para tener una idea más clara de la tasa de cambio al momento de su viaje.

Foto: Xinhua
También es posible sacar dinero chino en un cajero automático con una tarjeta de otro país. Sin embargo, el tipo de cambio puede no ser muy favorable, y las comisiones pueden ser altas.

Tarjetas bancarias en Beijing

Aunque parezca increíble, pocos son los negocios que reciben tarjetas internacionales. Incluso en grandes hoteles y restaurantes más de uno ha tenido problemas al querer pagar con Visa o Master Card. Hay que investigar bien antes de reservar y venir a Beijing. Al llegar a China, lo mejor es retirar dinero de los cajeros automáticos para tener efectivo a la mano en cualquier momento y evitar un momento bochornoso.

Foto tomada de internet

Cajeros automáticos (ATM) en Beijing

Los cajeros automáticos o ATM abundan en Beijing. Todos aceptan tarjetas del sistema Union Pay, muy popular en China y los países vecinos, pero, en general, la mayoría acepta tarjetas Visa o Master Card. Sin embargo, en muchos países (como ocurre en México) el password o PIN es de seis números, y en China es de cuatro, lo que a veces provoca algunos conflictos. Por eso, lo mejor es venir a turistear con efectivo, y cambiarlo según se vaya necesitando.

Todos los cajeros automáticos están en chino e inglés, y algunos incluso cuentan con opciones en español, coreano y japonés, así que no hay mucho problema para entender las instrucciones en pantalla.

Foto tomada de: http://www.bloomberg.com/image/ioiBiC3qwBMA.jpg
De lo que sí hay que tener precaución es de no olvidar la tarjeta dentro después de ingresar el NIP, porque durante al menos 30 segundos queda activa la operación y cualquiera que pase puede sacar dinero de forma ilimitada.

Como mencioné en otra entrada de este blog, no hay que preocuparse por la seguridad al retirar dinero de un cajero automático. Beijing es una ciudad muy segura. Pero, claro, la regla básica en todo el mundo es siempre hacerlo de forma discreta y no andar mostrando el fajo de billetes recién obtenidos de la máquina.

La mayoría de los cajeros automáticos dan sólo billetes de 100 yuanes. Uno que otro tiene billetes de 50, pero son muy pocos.

Los bancos en Beijing

Hay muchísimos bancos en Beijing, pero casi todos son locales. Es difícil encontrar bancos de otras partes del mundo, excepto en la zona financiera o la de embajadas. Entre los más confiables y eficientes están el Bank of China y el ICBC (no se confunda con HSBC), aunque depende mucho del área en que se encuentren.

El horario de la mayoría de los bancos es de 9:00 de la mañana a 5:00 de la tarde. Y abren de lunes a domingo (gran ventaja). Lo malo es que no todos los trámites se pueden hacer todos los días.

Foto tomada de: http://members.virtualtourist.com/m/p/m/102084/
Por lo general, ir al banco para hacer cualquier trámite es una experiencia tardada, pues casi siempre hay mucha gente y la atención del personal en ventanilla es muy lenta. Parece que nunca saben cómo hacer las cosas, entonces, siempre están llamando a un supervisor o llenando una cantidad infinita de papeles o reiniciando la computadora después de equivocarse en alguna instrucción. Un turista casi nunca tendrá que pasar por el calvario de ir a un banco, pero en caso de que suceda, recomiendo mucha paciencia.

Para realizar cualquier operación, un extranjero debe presentar siempre, sin excepción, su pasaporte con la visa vigente.

Consejo para las personas que planean venir a vivir a Beijing: si tienen una tarjeta de crédito o débito de un banco chino, no la pierdan, porque la reposición es tortuosa y tardada, al menos una semana de espera.

En los bancos cercanos a una zona financiera, comercial o diplomática siempre hay alguien que habla inglés. En el resto, ni soñarlo. Lo mejor será acudir con un chino o, de perdida, con un traductor electrónico o un diccionario a la mano.

Cuidado con los fraudes y engaños en Beijing

Aunque Beijing es una ciudad muy segura, no quiere decir que toda la gente sea honesta. Como en cualquier país del mundo, hay vivales que se aprovechan de la gente, especialmente de los extranjeros.

Practicas fraudulentas hay muchas en la capital de China. Recuerdo una que me aplicaron a mí. Recién llegado a Beijing, me subí a un bicitaxi para un recorrido de no más de cinco minutos. El tipo me dijo que el viaje costaba cinco yuanes (“five yuan”, dijo en inglés), y acepté. Al llegar al destino, que era el Templo del Cielo, le extendí el billete y se río de mí. Después me alegó no sé qué tanto en chino, y al final me dijo “five hundred” al tiempo que me mostraba un papel en inglés donde venía escrita la “tarifa oficial autorizada”, donde, efectivamente, decía 500 yuanes y, al lado, estaba un “sello del gobierno”. Aunque era nuevo en la ciudad y no estaba acostumbrado al dinero local, me di cuenta que una cifra equivalente a 80 dólares era un gran abuso, así que comencé a discutir con el tipo y le dije en inglés que llamaría a la policía. En cuanto dije eso, el hombre se esfumó. Tiempo después me di cuenta que la practica es muy común y que la policía se hace de la vista gorda, así que hay que tener cuidado con este tipo de fraudes.

También recuerdo una que le ocurrió a un amigo español. Recién llegado a Beijing se fue de paseo a la Plaza de Tian’anmen, y se encontró con un chico de unos veinte años, de apariencia universitaria, quien le dijo que quería practicar su inglés. Mi amigo no desconfió y el chico le contó varias historias de la plaza. Al final de la caminata, lo invitóa tomar un té a una casa especializada, cerca de Tian’anmen, y pidió diversas variedades para que mi amigo las probara. Luego de un rato llegó la cuenta y vaya sorpresa se llevaron: ¡eran más de mil yuanes! El chico comenzó a llorar y dijo que no tenía mucho dinero, que no sabía que era tan caro, y mi amigo, ingenuo y buena gente, le dijo que no se preocupara, que él pagaría y que al día siguiente el chico podía darle su parte. Así lo hicieron, y el universitario le dio a mi amigo su número telefónico. Sobra decir que el número ni siquiera existía. El chico ese y la casa de té seguramente estaban coludidos. Hay muchas historias como esa, lo que varía es el lugar: a veces es una casa de té, otra veces una cafetería o un restaurante.

Lo mismo ocurre en casas de masajes, donde primero dicen un precio y, al final, quieren cobrar de más. O bien, dicen que hay un servicio especial, pero dan a entender que es gratis o que viene incluido en el precio inicial, y cuando termina la sesión encajan el diente a los ingenuos.

Finalmente, hay varios sitios donde se puede comprar de todo, incluyendo electrónicos. Hay que tener cuidado en esos lugares, porque la mayoría de las mercancías que se venden son piratas o reconstruidas, y no dan factura por la compra. He sabido de mucha gente que compra tarjetas SD para sus cámaras, memorias USB, discos duros externos, teléfonos, reproductores MP3 y demás artefactos que sólo duran unos días, y cuando intentan ir a reclamar, en el lugar dicen que ahí no los vendieron o que sólo hacen cambios o devoluciones con la factura correspondiente.

Seguridad en Beijing

Sin duda, una de las mejores cosas que tiene Beijing es la seguridad. A diferencia de lo que pasa en México y en varias ciudades del mundo, uno puede caminar tranquilamente por toda la capital china sin temor a ser asaltado, secuestrado o algo peor.

Pongo un ejemplo claro: hace tiempo necesitaba sacar dinero de un cajero automático, más o menos a las once de la noche y en una calle semioscura donde no había ni un alma. Como buen latinoamericano, dudé en hacerlo, y cuando había decidido irme llegó un tipo y estacionó su auto frente al cajero, se bajó pero dejó las llaves dentro, sacó dinero con toda tranquilidad y luego abordó su coche y se fue. Ni siquiera le pareció sospechoso que yo estuviera ahí de pie. Así de segura es Beijing.

Claro, como en todo, hay excepciones. En ciertas zonas de la ciudad se sabe que hay asaltos por las noches. En los sitios turísticos donde hay muchos extranjeros nunca faltan los carteristas. Y seguido hay robos de bicicletas, especialmente nuevas o sofisticadas (bicis de montaña o de carreras), porque después las revenden a universitarios que las necesitan para transportarse en el campus. Pero esos son “negritos en el arroz”.

Cabe señalar que está prohibida la portación y el comercio de cualquier tipo de arma (cuchillos, pistolas, navajas, picahielos y demás), y en el metro y las estaciones del tren hay una revisión en máquinas de rayos X para evitar que alguien viaje con algún objeto peligroso.

Cuando pregunto a latinoamericanos y europeos qué es lo que más les gusta de Beijing, una buena parte de ellos responde que la seguridad.

Los bicitaxis

Los bicitaxis, triciclos o “rickshaw”, como son conocidos en algunos países, son un medio de transporte en extinción en Beijing. Aún pueden encontrarse en varias zonas de la ciudad, pero prácticamente relegados a paseos turísticos, pues los que circulaban como transporte regular en muchos barrios han sido desplazados por los taxis.

Los románticos amantes de otras épocas lamentan la paulatina desaparición de los bicitaxis, pues son baratos (cinco o diez yuanes por viaje) y muy eficientes en medio de las calles congestionadas de autos o gente, y forman parte de esa China que todos conocimos en los libros de historia. Además, son la fuente de empleo de muchas personas.


Otros, en cambio, celebran que ya queden pocos, pues consideran que el transporte es peligroso y los conductores, imprudentes, pues circulan muy rápido y con escasa precaución, incluso en sentido contrario en grandes avenidas.

Sea como sea, cada día se ven menos bicitaxis en Beijing, ya sea en su versión básica de un triciclo para dos personas, o bien, en la de motocicletas con cabinas para dos o cuatro personas.

Los únicos sitios donde aún circulan por montones son las zonas turísticas, donde los conductores pueden llegar a cobrar desde 50 hasta 300 yuanes por un paseo corto en medio de callejones típicos, dependiendo de la capacidad del pasajero para negociar el precio.


Hay que evitar los timos de algunos bicitaxistas, que chapurrean un inglés básico para atraer a extranjeros y decirles que un viaje corto cuesta entre 15 y 20 yuanes, pero al final enseñan un documento emitido por el gobierno chino, evidentemente falso, con tarifas que llegan a los 300 yuanes, que muchos despistados pagan para evitar problemas. En caso de un intento de timo de esta naturaleza, sólo basta con decirles que llamarán a la policía y los bribones huirán de inmediato.

Los taxis

Taxis

Recorrer la ciudad en un taxi resulta una grata experiencia, pues a través de las ventanillas podemos observar la ciudad y a la gente realizando sus actividades cotidianas, aunque, al igual que en los autobuses, puede ser un fastidio si se tiene la mala suerte de encontrar un embotellamiento. Dependiendo la hora o la zona, un kilómetro se puede recorrer en un minuto o en cuarenta.

Taxi libre / Foto: Juan Carlos Zamora

El taxi es relativamente barato. El “banderazo” o cobro inicial es de diez yuanes por los primeros kilómetros, y posteriormente el taxímetro va incrementándose en fracciones de yuan dependiendo la distancia recorrida o el tiempo. A comparación de México (y de otros países), viajar en taxi en la capital de China es muy barato.

Taxímetro con impresora / Foto: Juan Carlos Zamora
Los problemas al viajar en taxi surgen cuando no se habla chino, pues salvo excepciones, los conductores no hablan inglés y algunos son poco pacientes. Por eso es recomendable llevar una tarjeta con la dirección escrita en mandarín y un mapa de la ciudad, así el chofer podrá entender a dónde vamos.

Otro problema que comienza a ser frecuente es que algunos taxistas son deshonestos y timan a los extranjeros, quienes al pagar entregan billetes de cincuenta y cien yuanes, pero luego se distraen y ese momento es aprovechado por el conductor para cambiar el billete por uno falso y luego reclamar al pasajero. Algunos caen en la trampa y, resignados, cambian el billete apócrifo. Hay que estar muy atentos para evitar este tipo de engaños.

Otro detalle con los taxistas es que algunos no quieren llevar a extranjeros, no sé si por racismo o por temor de no entender a dónde van, pero en cuanto ven que quien hace la parada es foráneo agitan las manos diciendo “¡no, no, no!” y pasan de largo. Así que no hay que tomarlo a pecho si sucede alguna vez.

A bordo de un taxi en Beijing / Foto: Juan Carlos Zamora
Finalmente, viajar en un taxi puede ser una experiencia llena de adrenalina, pues algunos choferes conducen muy rápido, se pasan la luz roja, rebasan por el carril de acotamiento o se quedan dormidos frente al volante, por lo que subir a un taxi puede no ser apto para cardiacos.

Precaución: En China, como en muchos países, hay taxis pirata, es decir, ilegales. Normalmente son de color negro, aunque ahora cualquier auto puede ser un taxi pirata. Estos cobran sin taxímetro y en ocasiones pueden llegar a timar a los ingenuos. Se identifican porque llevan una pequeña luz roja en el frente. Aunque los conductores no son peligrosos y el viaje puede ser más barato que un taxi convencional, lo mejor es evitar problemas y tomar un taxi legal.

Los autobúses

Los autobuses

Después del metro, el sistema de autobuses es el más utilizado por los beijineses. Sin embargo, viajar en ellos no es tan fácil. En primer lugar, porque la mayor parte de las señalizaciones están únicamente en chino, y para quienes no leemos caracteres es bastante complicado. Aunque, eso sí, en algunas líneas ya hay letreros y grabaciones en inglés.

Autobús urbano en Beijing / Foto: Juan Carlos Zamora

Por otro lado, la red de autobuses es muy extensa y complicada de entender. Uno necesita saber exactamente el número de autobús y la parada donde hay que bajar, de lo contrario, es fácil perderse. Pero vivir en Beijing sin viajar en bus es algo imperdonable.

Por fortuna, existe un sitio web en inglés del sistema de autobuses, que permite ingresar nuestro origen y destino, y el sistema nos dirá qué líneas nos llevan y en qué paradas debemos subir y bajar. Esto es una maravilla.

Haz clic aquí

Los autobuses son muy convenientes en cuanto al precio, pues oscila entre 50 centavos y un yuan (entre uno y dos pesos mexicanos). Lo malo…, no, no, lo realmente malo, es que casi siempre están llenos, hay que esperar varios minutos a que pase el bus y, después, rezar porque no haya tráfico, de lo contrario, el viaje será eterno.

El tráfico, inconveniente al viajar en autobús
Foto: Juan Carlos Zamora

Además de los autobuses normales, existen también trolebuses (tal como en la Ciudad de México), cuyo camino está trazado por el cableado eléctrico. Y en ciertas zonas hay rutas del sistema BRT, autobuses con un carril confinado exclusivo y que, en teoría, circulan con mayor rapidez.

Trolebús en Beijing
Para viajes mayores hay también autobuses de larga distancia, que pueden tomarse en terminales distribuidas en toda la ciudad, y cuyo destino son poblados dentro del municipio de Beijing o provincias cercanas. Su precio depende de los kilómetros recorridos.

En Beijing hay varias compañía de autobuses, todas estatales
Foto: Juan Carlos Zamora
En los autobuses se puede pagar con la tarjeta electrónica del metro o en efectivo. En algunas líneas el dinero lo reciben los propios conductores, en otras, cobradores que entregan un pequeño boleto como comprobante.

El metro

El Metro

El metro es, sin duda, el transporte más eficiente y rápido de Beijing. Cuenta ahora con 15 líneas que abarcan buena parte de la ciudad, y llega a los principales puntos de interés. 
Mapa del metro de Beijing
Funciona casi todo el tiempo con normalidad, salvo excepcionales interrupciones. Hasta hoy, su costo es de dos yuanes por un viaje, y se pueden comprar boletos individuales o tarjetas electrónicas recargables en expendedores automáticos o en una ventanilla donde siempre atiende una mujer malhumorada. Su horario es de cinco de la mañana a once de la noche, de lunes a domingo.
Máquina expendedora de boletos

En ellas se puede elegir la cantidad de boletos y checar las líneas

El punto negativo en el metro es la cantidad de gente que lo usa. Casi todo el día, pero especialmente en las horas pico, los trenes van atestados, al grado que es difícil moverse siquiera unos centímetros. Aún así, esta situación es tolerable. Lo que de verdad saca de quicio en el subte (como dirían los argentinos) es la actitud de las personas.
Vagón atestado en la hora pico
Los chinos tienen, de verdad, poca cultura cívica, y por ello, al momento de abrir las puertas del tren libran una de las batallas más absurdas que he visto en mi vida: unos quieren salir, otros, entrar, y nadie logra ni lo uno ni lo otro. Y si hay algún asiento disponible, la lucha es aún mayor, pues la histeria se apodera de quienes, tras la larga jornada de trabajo, sienten que merecen ese lugar.

Acechando un asiento 
Además de la lucha encarnizada en los trenes, en los accesos al subterráneo se da otra similar, porque en todas las entradas del metro hay máquinas de rayos X, y todos lo que llevan por lo menos una bolsa deben colocarla en la banda. El problema radica en que los chinos nunca respetan la fila. Si alguien deja diez centímetros de espacio entre él y la siguiente persona, alguien siempre se meterá, por regla general.

Gente corriendo para alcanzar el tren
A pesar de los inconvenientes, el metro es la mejor opción de transporte, por ser barato, ágil y bonito. Salvo las líneas 1 y 2, que datan de los años 60, las demás son muy recientes, y casi todos los trenes son modernos, tienen aire acondicionado y pantallas de televisión donde pasan desde propaganda gubernamental hasta programas de cocina.

La señalización en todas las líneas del metro está en caracteres chinos y en inglés, por lo que resulta muy fácil para cualquier extranjero acostumbrarse a viajar en la red. Y en el cien por ciento de los vagones hay una grabación, también en chino y en inglés, que indica la estación a la que estamos arribando y la próxima parada. En los andenes hay incluso pantallas que indican en cuánto tiempo arribarán los siguientes trenes. Y las salidas suelen ser dos o cuatro, siempre señalizadas con las letras A, B, C y D.

Señalización bilingüe



Escucha sonidos del metro de Beijing

Hay que destacar la línea exprés hacia el Aeropuerto de Beijing, que va del centro de la ciudad a las terminales 1 y 3 en aproximadamente veinte minutos y con un costo de 25 yuanes, mucho más barato que un taxi, que cobra de 160 a 180 yuanes.

Andén en la línea  del metro

Tren arribando en la línea


Viajar en el metro es muy interesante, pues se puede ver a chinos de muchas clases sociales (¡sí, hay clases sociales en un país comunista!) y su forma de comportarse. También es divertido y misterioso, y un extranjero puede llegar a sentirse como estrella de cine, animal de zoológico o loco paranoico, pues sin duda levantará muchas miradas, comentarios y risitas.

Así se distraen los chinos en el metro

Exterior de la estación Babaoshan


¿Cómo es Beijing?

¿Cómo es Beijing?


Beijing es un monstruo. Y miren que vengo de la Ciudad de México, una megaurbe de más de diez millones de almas. En la capital de China conviven diariamente cerca de 20 millones de personas, y eso únicamente en la zona urbana; en todo el municipio de Beijing habitan cerca de 40 millones de seres humanos.


Multitud en el centro de Beijing / Foto: Juan Carlos Zamora
Estación Xidan del Metro de Beijing / Foto: Juan Carlos Zamora
En sus calles se mezclan la modernidad y la tradición. Hay desde enormes rascacielos hasta pequeñas casas tradicionales de ladrillo gris y techos a dos aguas. Aunque, eso sí, los primeros le están ganando terreno a las segundas.

A partir de la designación de Beijing como sede de los Juegos Olímpicos del 2008, la capital china comenzó una transformación que hasta la fecha no para: se derribaron muchísimos barrios antiguos (llamados hutong) para construir centenares de edificios; se construyeron múltiples instalaciones deportivas y mejoró notablemente la infraestructura urbana; se tendieron kilómetros y kilómetros de asfalto nuevo (casi no hay baches en la ciudad) y se colocaron depósitos de basura por toda la metrópoli; se construyeron varias líneas del metro y se mejoraron las existentes…, en fin, prácticamente se creó una ciudad nueva ante la mirada incrédula de los capitalinos, que un día despertaron rodeados de una Beijing que no conocían. Esto, claro, tiene ventajas y desventajas, como veremos.

Contrastes en Beijing / Foto: Juan Carlos Zamora

Hutongs, en peligro de extinción / Foto: Juan Carlos Zamora


Beijing cuenta con muchos parques y áreas verdes de gran extensión, y aunque el concreto se extiende día a día, los chinos le dan una gran importancia a sus jardines. Incluso en invierno se prodigan muchos cuidados a los troncos sin hojas y la tierra seca.

En cuanto al clima, las estaciones del año están bien marcadas. El invierno abarca prácticamente desde noviembre hasta marzo, y las temperaturas pueden llegar hasta los 20 grados centígrados bajo cero, con nevadas ocasionales y vientos que congelan hasta el aliento. El verano aproximadamente va de mayo a septiembre, y el calor puede ser agobiante y húmedo, con el mercurio marcando hasta 40 grados. En medio de estos extremos, y sólo por algunas semanas, se presentan una fresca primavera y un otoño ideal para volar cometas.

Lotos en el parque Yuanmingyuan / Foto: Juan Carlos Zamora

Lago en Palacio de Verano / Foto: Juan Carlos Zamora


La gente es linda y amable en general, aunque, claro, siempre hay excepciones a la regla. Es muy común encontrar estafadores y vendedores abusivos con los turistas, pero también gente buena que ayuda sin esperar algo a cambio. Los chinos suelen ser impacientes y, en ciertos aspectos, maleducados. Pero hay que tomar en cuenta que en un país con 1,340 millones de personas (según el censo de 2010) no es fácil ser civilizado, ni siquiera en la capital.

La vida es cara y barata a la vez. Se puede comer con muy poco dinero, aunque en los últimos tiempos todo ha subido de precio. El transporte público también es económico, pero hay que tener cuidado con los taxistas piratas y los bicitaxistas abusivos. Lo más caro, sin duda, es la vivienda. La renta es alta, y comprar un departamento es algo casi imposible, a menos que se tenga un salario muy bueno.

Y, claro, al ser una ciudad con tanta gente, el número de autos es directamente proporcional. El tránsito suele ser lento, con la consecuente desesperación de los conductores que hacen catarsis tocando insistentemente sus bocinas, lo que puede resultar muy molesto. Y aunque cada vez menos, aún se pueden ver en las calles a miles de personas en bicicleta, sorteando los peligros de una Beijing salvaje, pero fácil de pedalear por ser plana.

Ciclistas en Beijing / Foto: Juan Carlos Zamora

Bicis en Beijing / Foto: Gabriela Becerra


La polución es muy alta, igual o peor que en la Ciudad de México, y durante el verano se observa una densa neblina, mezcla de la humedad del ambiente y la nata de contaminantes.

En cuanto a las comunicaciones, funcionan bien, excepto el Internet, que está muy censurado. No hay acceso normal a redes sociales ni a sitios de organizaciones contrarias a China. Esto puede llegar a desesperar a muchos.

Y claro, no hay que olvidar que Beijing es la capital de un país de corte comunista, lo cual se nota en el discurso político y en la estructura burocrática; pero, en la realidad, su economía es de mercado, con extremos tan fuertes como en el capitalismo salvaje que vivimos en Occidente.
Mega centro comercial en Xidan / Foto: Juan Carlos Zamora

Miles de compradores en un centro comercial / Foto: Juan Carlos Zamora

En fin, a grandes rasgos así es Beijing. Ahora, desmenucemos al gigante.

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