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Los bicitaxis

Los bicitaxis, triciclos o “rickshaw”, como son conocidos en algunos países, son un medio de transporte en extinción en Beijing. Aún pueden encontrarse en varias zonas de la ciudad, pero prácticamente relegados a paseos turísticos, pues los que circulaban como transporte regular en muchos barrios han sido desplazados por los taxis.

Los románticos amantes de otras épocas lamentan la paulatina desaparición de los bicitaxis, pues son baratos (cinco o diez yuanes por viaje) y muy eficientes en medio de las calles congestionadas de autos o gente, y forman parte de esa China que todos conocimos en los libros de historia. Además, son la fuente de empleo de muchas personas.


Otros, en cambio, celebran que ya queden pocos, pues consideran que el transporte es peligroso y los conductores, imprudentes, pues circulan muy rápido y con escasa precaución, incluso en sentido contrario en grandes avenidas.

Sea como sea, cada día se ven menos bicitaxis en Beijing, ya sea en su versión básica de un triciclo para dos personas, o bien, en la de motocicletas con cabinas para dos o cuatro personas.

Los únicos sitios donde aún circulan por montones son las zonas turísticas, donde los conductores pueden llegar a cobrar desde 50 hasta 300 yuanes por un paseo corto en medio de callejones típicos, dependiendo de la capacidad del pasajero para negociar el precio.


Hay que evitar los timos de algunos bicitaxistas, que chapurrean un inglés básico para atraer a extranjeros y decirles que un viaje corto cuesta entre 15 y 20 yuanes, pero al final enseñan un documento emitido por el gobierno chino, evidentemente falso, con tarifas que llegan a los 300 yuanes, que muchos despistados pagan para evitar problemas. En caso de un intento de timo de esta naturaleza, sólo basta con decirles que llamarán a la policía y los bribones huirán de inmediato.

Los taxis

Taxis

Recorrer la ciudad en un taxi resulta una grata experiencia, pues a través de las ventanillas podemos observar la ciudad y a la gente realizando sus actividades cotidianas, aunque, al igual que en los autobuses, puede ser un fastidio si se tiene la mala suerte de encontrar un embotellamiento. Dependiendo la hora o la zona, un kilómetro se puede recorrer en un minuto o en cuarenta.

Taxi libre / Foto: Juan Carlos Zamora

El taxi es relativamente barato. El “banderazo” o cobro inicial es de diez yuanes por los primeros kilómetros, y posteriormente el taxímetro va incrementándose en fracciones de yuan dependiendo la distancia recorrida o el tiempo. A comparación de México (y de otros países), viajar en taxi en la capital de China es muy barato.

Taxímetro con impresora / Foto: Juan Carlos Zamora
Los problemas al viajar en taxi surgen cuando no se habla chino, pues salvo excepciones, los conductores no hablan inglés y algunos son poco pacientes. Por eso es recomendable llevar una tarjeta con la dirección escrita en mandarín y un mapa de la ciudad, así el chofer podrá entender a dónde vamos.

Otro problema que comienza a ser frecuente es que algunos taxistas son deshonestos y timan a los extranjeros, quienes al pagar entregan billetes de cincuenta y cien yuanes, pero luego se distraen y ese momento es aprovechado por el conductor para cambiar el billete por uno falso y luego reclamar al pasajero. Algunos caen en la trampa y, resignados, cambian el billete apócrifo. Hay que estar muy atentos para evitar este tipo de engaños.

Otro detalle con los taxistas es que algunos no quieren llevar a extranjeros, no sé si por racismo o por temor de no entender a dónde van, pero en cuanto ven que quien hace la parada es foráneo agitan las manos diciendo “¡no, no, no!” y pasan de largo. Así que no hay que tomarlo a pecho si sucede alguna vez.

A bordo de un taxi en Beijing / Foto: Juan Carlos Zamora
Finalmente, viajar en un taxi puede ser una experiencia llena de adrenalina, pues algunos choferes conducen muy rápido, se pasan la luz roja, rebasan por el carril de acotamiento o se quedan dormidos frente al volante, por lo que subir a un taxi puede no ser apto para cardiacos.

Precaución: En China, como en muchos países, hay taxis pirata, es decir, ilegales. Normalmente son de color negro, aunque ahora cualquier auto puede ser un taxi pirata. Estos cobran sin taxímetro y en ocasiones pueden llegar a timar a los ingenuos. Se identifican porque llevan una pequeña luz roja en el frente. Aunque los conductores no son peligrosos y el viaje puede ser más barato que un taxi convencional, lo mejor es evitar problemas y tomar un taxi legal.