Hacer una
fila en Beijing es garantía de un incremento en los niveles de bilis del
organismo. Debido a que son muchas las personas que habitan esta ciudad y a que
son muy competitivas (luchan por todo: por un sitio en el metro, por un lugar
en la universidad, por un trabajo, por una esposa), dejar diez centímetros de
espacio con la persona de adelante es sólo el paso previo a que alguien se meta
en la cola.
Y esto pasa
en cualquier lado: en la fila para entrar al metro, al comprar pan en la calle
o en la cola para adquirir boletos para el museo. La recomendación en este caso
es: defender como león el lugar o tener un alto grado de tolerancia a la
frustración.