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Forma de conducir en Beijing: ¡cuidado, cafre al volante!

Si algo caracteriza a la Beijing de hoy es su enorme cantidad de automóviles y la pésima conducción de sus dueños. Los capitalinos manejan realmente mal, y miren que vengo de la Ciudad de México, considerada una selva de asfalto.

Pero todo tiene una explicación. Resulta que China, antes de su espectacular crecimiento económico, era muy pobre y muy socialista, y un auto estaba prácticamente fuera de las aspiraciones de la gente. Pero hace unos 30 años todo empezó a cambiar, y con la bonanza económica mucha gente comenzó a adquirir coches. Hoy en día circulan cerca de cuatro millones de autos en Beijing, una buena parte de ellos con menos de cinco años de antigüedad, y al volante van noveles conductores que ignoran las reglas para andar sobre ruedas.

Por esta razón, en las calles y avenidas se pueden ver (y sufrir) autos invadiendo la cebra peatonal, estacionándose en las aceras o dando vuelta a la izquierda a pesar de la luz roja y los peatones que están cruzando la calle; en las autopistas nunca faltan los cafres que rebasan por el carril de acotamiento o emergencia, y en las carreteras angostas los que intentan pasar un auto a pesar de que en el carril opuesto viene un autobús a toda velocidad, el cual, por cierto, para evitar la colisión, tiene que hacerse a la orilla.

Medio en broma y medio en serio, muchos dicen que una vez que un conductor de Beijing pisa el acelerador no lo soltará más sino hasta llegar a su destino. Yo puedo decir que es cierto.